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La NASA y SpaceX ponen en órbita el telescopio Nancy Grace Roman para estudiar energía oscura

La NASA y SpaceX ponen en órbita el telescopio Nancy Grace Roman para estudiar energía oscura

La flamante instalación astronómica de la NASA ha dado inicio a una misión con el potencial de revolucionar por completo nuestra forma de investigar los exoplanetas, la energía oscura, la materia oscura y diversos cuerpos celestes que habían permanecido invisibles hasta el momento.

La exploración espacial entra en una nueva fase con la puesta en órbita del telescopio espacial Nancy Grace Roman, un observatorio desarrollado por la NASA para estudiar grandes extensiones del cielo con una velocidad y amplitud sin precedentes. Su lanzamiento representa un paso importante para la astronomía moderna y abre la posibilidad de responder algunas de las preguntas más complejas sobre el origen, la evolución y la composición del universo.

El telescopio despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX. El lanzamiento se produjo a las 7:26 a. m., hora de Miami, y aproximadamente diez minutos después el observatorio alcanzó la órbita prevista para comenzar su viaje hacia su ubicación definitiva.

Durante los próximos años, Roman tendrá la misión de observar enormes regiones del universo y recopilar cantidades extraordinarias de información. A diferencia de otros telescopios espaciales, su objetivo no será únicamente estudiar objetos concretos seleccionados con anticipación, sino realizar grandes mapas del cielo que permitan descubrir fenómenos que todavía no han sido identificados.

Una misión diseñada para descubrir lo inesperado

Una de las cualidades más destacadas del telescopio espacial Roman radica en su aptitud para ejecutar reconocimientos astronómicos con una celeridad muy superior a la de instrumentos antecesores. La NASA calcula que este dispositivo logrará completar ciertas indagaciones a un ritmo que supera por más de 1.000 veces la velocidad del telescopio espacial Hubble.

Esto no significa que Roman vaya a reemplazar al Hubble o al telescopio espacial James Webb. Por el contrario, la intención es que los tres observatorios trabajen de manera complementaria. Mientras Roman tendrá una visión mucho más amplia del cielo, Webb podrá realizar observaciones detalladas de determinados objetivos identificados durante sus grandes estudios.

El concepto puede entenderse como observar un bosque desde una posición elevada. Roman podrá obtener una imagen extensa del conjunto y, al mismo tiempo, distinguir una gran cantidad de elementos dentro de ese panorama. En términos astronómicos, esos elementos pueden ser galaxias, estrellas, supernovas, planetas y otros objetos.

Esta aptitud cobra especial relevancia debido a que numerosos acontecimientos astronómicos son difíciles de localizar. Ciertos objetos resultan excesivamente tenues, otros se manifiestan por lapsos muy breves y algunos más yacen camuflados entre densos cúmulos estelares. Al examinar de forma constante extensas regiones celestes, Roman tendrá la capacidad de identificar alteraciones y sucesos que, de otro modo, se desvanecerían sin ser advertidos.

La misión también podría ampliar considerablemente el catálogo de exoplanetas conocidos. Los científicos esperan encontrar decenas de miles de mundos que actualmente no han sido identificados y obtener una visión más precisa de la frecuencia con la que existen sistemas planetarios similares al nuestro.

Entre los posibles hallazgos figuran además los denominados planetas errantes, es decir, astros que carecen de sujeción gravitatoria respecto a sol alguno. La existencia de estos mundos despierta un enorme interés, ya que simbolizan una categoría de elementos cuya localización resulta sumamente compleja a través de las técnicas convencionales.

Roman podría incluso colaborar en la localización de compactos agujeros negros errantes y arrojar luz sobre la existencia de exolunas, es decir, satélites naturales que giran alrededor de astros ubicados más allá de nuestro sistema solar.

El potencial de descubrimiento es precisamente uno de los motivos por los cuales los investigadores consideran al observatorio como un instrumento genuino para hallar fenómenos que aún ignoramos que existen. Su finalidad no se reduce a dar respuesta a cuestiones planteadas, sino también a suscitar nuevos interrogantes a partir de la información recabada.

El telescopio que lleva el nombre de Nancy Grace Roman

El observatorio fue bautizado en honor a Nancy Grace Roman, una figura fundamental en el desarrollo de la astronomía espacial estadounidense. Roman fue la primera jefa de astronomía de la NASA y desempeñó un papel importante en la consolidación de los programas destinados a colocar telescopios fuera de la atmósfera terrestre.

Su labor contribuyó a impulsar un concepto que actualmente resulta esencial: llevar a cabo registros desde el espacio ayuda a sortear gran parte de los obstáculos impuestos por la atmósfera terrestre.

La atmósfera puede distorsionar la luz procedente de objetos celestes y dificultar determinadas observaciones. Los telescopios espaciales permitieron superar buena parte de esas dificultades y estudiar el universo con instrumentos diseñados específicamente para trabajar fuera de nuestro planeta.

Por su contribución a este campo, Nancy Grace Roman es considerada una de las figuras que ayudaron a sentar las bases de la actual flota de observatorios espaciales de la NASA. El telescopio que lleva su nombre continúa esa tradición al incorporar tecnologías que amplían las capacidades disponibles para la comunidad científica.

Las primeras imágenes científicas del observatorio están previstas después de completar su proceso de puesta en servicio. Antes de comenzar sus grandes estudios, Roman tendrá que comprobar el funcionamiento de sus instrumentos, desplegar sus sistemas y ajustar sus componentes para operar en el entorno espacial.

El observatorio viajará hasta el punto de Lagrange 2, conocido como L2, situado aproximadamente a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra. En esa región del espacio también se encuentra el telescopio espacial James Webb. La ubicación permite que las fuerzas gravitacionales del Sol y la Tierra contribuyan a mantener una posición relativamente estable para la nave.

El trayecto hasta L2 tomará alrededor de tres meses. Durante ese período se realizarán las operaciones necesarias para preparar el observatorio para su misión científica.

La cantidad de datos que tendrá que procesar también será imponente. Roman se ha concebido para enviar cerca de un terabyte de información diariamente. Dicha potencia colosal facilitará la creación de un archivo astronómico masivo que quedará al alcance de los especialistas centrados en distintas disciplinas.

La disponibilidad pública de los datos será otro elemento importante de la misión. Los científicos podrán analizar las observaciones en busca de objetos y fenómenos que quizá no formen parte de las investigaciones principales inicialmente planteadas.

Una nueva mirada a la materia oscura y la energía oscura

Entre las metas científicas principales de Roman figuran dos de los mayores misterios de la cosmología: la materia oscura y la energía oscura.

Aun cuando la materia oscura no ha podido detectarse de forma directa, los astrónomos han hallado múltiples señales de su presencia mediante las consecuencias gravitacionales que genera. Se calcula que abarca cerca del 85 % de toda la materia universal, cumpliendo además un rol esencial en el desarrollo y la estabilidad tanto de las galaxias como de otras formaciones del cosmos.

Roman ayudará a estudiar su distribución mediante la observación de grandes cantidades de galaxias y cúmulos de galaxias. Una de las herramientas será el análisis de cómo la gravedad modifica el recorrido de la luz a través del espacio.

Cuando la luz de objetos distantes atraviesa regiones con grandes concentraciones de materia, su trayectoria puede curvarse. Este fenómeno, conocido como lente gravitacional, permite a los astrónomos estudiar la distribución de masa aunque una parte de ella no pueda observarse directamente.

Los datos obtenidos por Roman contribuirán a crear mapas tridimensionales de la materia en el universo y podrían ayudar a determinar con mayor precisión cómo se ha formado y evolucionado su estructura.

La energía oscura plantea una cuestión diferente. Las observaciones realizadas desde finales del siglo XX mostraron que la expansión del universo no solo continúa, sino que lo hace a un ritmo acelerado. La causa de esta aceleración sigue sin estar completamente explicada.

Las supernovas tendrán un papel relevante en estas investigaciones. Estas enormes explosiones estelares pueden utilizarse como referencias para medir distancias cósmicas y estudiar cómo ha cambiado la expansión del universo a lo largo del tiempo.

Gracias a su amplio campo de visión, Roman podrá localizar numerosas supernovas dentro de grandes áreas del cielo. Esto permitirá reunir una cantidad de información mucho mayor y comparar distintos momentos de la evolución cósmica.

Los resultados podrían ayudar a determinar si los modelos actuales de cosmología describen correctamente el comportamiento del universo o si existen diferencias que indiquen la necesidad de modificar algunas de las teorías aceptadas.

Un instrumento para estudiar planetas fuera del sistema solar

Otra de las cualidades más destacadas de Roman va a ser su coronógrafo, un dispositivo experimental ideado con el fin de analizar cuerpos celestes sumamente tenues situados en las proximidades de astros luminosos.

La claridad de una estrella llega a ser millones o hasta miles de millones de veces superior al brillo que refleja un mundo a su alrededor. Tal contraste vuelve sumamente difícil capturar imágenes directas de ciertos exoplanetas.

El coronógrafo funciona bloqueando parte de la luz procedente de la estrella para permitir que instrumentos altamente sensibles detecten señales mucho más débiles alrededor de ella.

Roman integrará una variante avanzada de esta tecnología. A diferencia de los coronógrafos convencionales, su dispositivo tendrá la capacidad de efectuar calibraciones activas con el propósito de mitigar oscilaciones menores, variaciones térmicas y diversos factores que alterarían la nitidez de los registros.

El objetivo consistirá en comprobar los límites de esta tecnología en el espacio. En caso de obtenerse resultados favorables, la experiencia acumulada resultará clave para diseñar los próximos telescopios enfocados en la observación de planetas análogos al nuestro.

La posibilidad de observar directamente planetas pequeños alrededor de otras estrellas es uno de los grandes desafíos de la astronomía. Aunque ya se han confirmado miles de exoplanetas, muchos han sido detectados mediante métodos indirectos, como la observación de pequeñas disminuciones en el brillo de una estrella cuando un planeta pasa frente a ella.

La fotografía directa ofrece una oportunidad diferente. Permite estudiar la luz reflejada por el propio planeta y, eventualmente, analizar características de su atmósfera.

Roman no fue diseñado para ser el observatorio definitivo capaz de identificar vida en otros mundos. Sin embargo, su tecnología puede ayudar a desarrollar las herramientas necesarias para que futuras misiones se acerquen a ese objetivo.

Entre los conceptos que estudia actualmente la NASA se encuentra el Observatorio de Mundos Habitables, una posible misión futura enfocada en observar planetas similares a la Tierra y buscar señales químicas que puedan aportar información sobre sus atmósferas.

El trayecto hacia un observatorio de esa naturaleza estará condicionado por diversos progresos a nivel científico, técnico y financiero. A pesar de esto, las experimentaciones llevadas a cabo con Roman podrían afianzarse como un componente clave en dicho procedimiento.

La misión del nuevo telescopio representa, por tanto, mucho más que la incorporación de otro observatorio al inventario de la NASA. Su capacidad para observar enormes extensiones del cielo puede cambiar la escala de las investigaciones astronómicas y generar una cantidad de datos sin precedentes.

Durante su trayectoria operativa, Roman tendrá la capacidad de descubrir sistemas planetarios inexplorados, galaxias distantes, supernovas y fenómenos que desafíen los paradigmas científicos actuales. Asimismo, brindará la oportunidad de analizar con mayor exactitud la evolución de la expansión del universo y cómo se distribuye la materia.

El alcance real de su influencia dependerá de las revelaciones que broten de semejantes registros; mientras ciertos hallazgos validarán hipótesis previas, otros quizásfuercen a los investigadores a reconsiderar principios esenciales acerca del cosmos.

Ese es justamente uno de los principales aportes de una expedición científica de esta índole: ensanchar la aptitud de percibir hasta captar zonas y sucesos que antes escapaban a nuestra visión. Gracias a Roman, la disciplina astronómica dispondrá de un instrumento ideado no únicamente para otear con mayor distancia, sino también para indagar en una dimensión infinitamente más vasta del universo y hallar soluciones a incógnitas que apenas nos atrevemos a plantear.

Por Paula Arrieta